Noticias La inalcanzable explicación del africano que fue disecado

By | 16 octubre, 2016

 

 

Las noticias, A comienzos del siglo Xix, era casi una rutina juntar animales alzados rodeando del orbe, traerlos a nidal, embalsamarlos y mostrarlos casi como un botín de persecución. Pero un tratante galo fue un poco más lejos: trajo el grueso de un guerrero africano, lo disecó y lo dejó vacante para ser enseñado en un recinto. Cuando se lo topó en España, el libretista neerlandés Frank Westerman decidió profundizar su narración. Advertencia: en esta noticia hay metáforas que pueden venir a parar mordaces. Mas info click aquí

 

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Nos trasladamos a Botswana. Más ajustadamente, a la capital de Gaborone, adonde se levanta uno de los panteones más gloriosos del estado: “El Negro”. En una de las capas del expediente se puede deletrear: Según dice el sitio de noticias “El Negro. Murió en 1830. Hijo de África. Su grosor fue acarreado a Europa. Retornó a asfalto africano en 2000”.

La primacía de “El Negro” proviene de los días que realizó seguidamente de muerto. Y que duraron unos 170 años, acortado en una propensión de locales en Francia y España. Los recientes atentados en Turquia Generaciones enteras de europeos se agolparon frente a su grueso memorial pelado, que había sido abarrotado de relleno y preparado por un taxidermista. Permaneció remotamente, de fondo, reflejado como un conquista. Las noticias dicen Él es real”, me dijo una estudiante. “¿quién es real?”, pregunté. “¡el Negro!”, explicó casi gritando y después se escuchó una larga carcajada de sus amigas que aguardaban en la inclusión de aquel local. Lola me vendió una adhesión y me señaló el emplazamiento adonde estaba situado el recinto de reptiles.

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“En esa dirección”, señaló Lola. “Y seguidamente vaya a través de los recintos siguiendo el grado de las saetillas del reloj”. Las elecciones de Estados Unidos y Donald Trump Después de recorrer por el local de los “Humanos”, continué al de los “Mamíferos” y allí lo encontré, cerca de algunos nobles y callos de protector. Allí estaba el jurado fieltro de “El Negro”, que sostenía una garrocha, estaba fileteado por un tejido de rafia y al punto que cubierto por una tipo de toalla naranja.

En 1983, cuando era estudiante colegial, accidentalmente lo hallé en un delirio de mochilero por España. Había pasado la perplejidad en Bañolas, una aldea en el ideal de Cataluña, y resultó que el salón de narración natural de la capital estaba al asiento del hotel.

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